Crónica del desamparo y acciones criminales. El Súper Niño y el vacío de la Casa Rosada

El fenómeno climático de El Niño amenaza a la Argentina con desatar la tormenta perfecta, mientras el Gobierno nacional implementa un protocolo carente de fondos presupuestarios que delega la crisis en municipios ya asfixiados./. Las proyecciones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la NOAA estadounidense confirman una probabilidad cercana al 100% de que el sistema ENOS mantenga su fase cálida. Existe además un 81% de posibilidades de que evolucione hacia un fenómeno de intensidad "muy fuerte" o "Súper Niño" entre los meses de octubre y diciembre. Con el índice de anomalía térmica Niño 3.4 ya situado en +1,2 °C y proyecciones que superan los +2 °C, el país se asoma a un escenario crítico de lluvias torrenciales, crecidas históricas de los ríos Paraná y Uruguay, e inundaciones urbanas y rurales de consecuencias socioeconómicas imprevisibles.
La insoportable levedad del relato frente a la furia de la naturaleza: Hay una forma de la ceguera política que no proviene de la falta de luz, sino del exceso de ideología. En los pasillos de la Casa Rosada, allí donde el "mileísmo" opera como una eficiente máquina de ficciones y trincheras retóricas, la realidad física del planeta parece un invento de sus enemigos. El drama de la Argentina contemporánea es que las mitologías militantes ,(antes construidas por el kirchnerismo y hoy recicladas desde el dogma de la derecha libertaria), siempre terminan estrellándose contra la realidad dura, fría y factual. En este caso, la realidad adopta la forma de una masa de agua cálida en el Pacífico ecuatorial que avanza de manera inexorable hacia nuestras costas y nuestros campos.
La firma de la Resolución 559/2026, que aprueba el Plan de Coordinación ante los efectos de El Niño, es un monumento al cinismo burocrático de la época. El texto oficial reconoce explícitamente los antecedentes históricos: el episodio de 2015/16 provocó pérdidas que superaron los US$ 3.065 millones y destrozó infraestructura básica. Sin embargo, el documento de 2026 se presenta con un vacío absoluto: no se le asigna un solo peso de presupuesto. Se trata de un simulacro de gestión. El Gobierno nacional ha diseñado un esquema que descarga el peso operativo y financiero en tres pilares que el propio Poder Ejecutivo se encargó de vaciar o desfinanciar sistemáticamente: El Servicio Meteorológico Nacional, sometido a despidos y recortes severos. El Instituto Nacional del Agua, pieza clave en la previsión hidráulica.
Vialidad Nacional, cuyos proyectos de mantenimiento de rutas y puentes críticos se encuentran virtualmente paralizados. La orden que emana de los despachos oficiales es tajante y desprovista de piedad federal: los municipios deberán absorber el impacto con sus propios recursos y, en caso de colapsar, recurrir a las provincias. Mientras tanto, la administración central se desentiende. Es el sálvese quien pueda elevado a la categoría de política de Estado. Cuando el agua tape las rutas y anegue los barrios periféricos del Litoral, no habrá épica tuitera ni dogmas de mercado que puedan drenar las inundaciones.
Las advertencias del ámbito científico nacional e internacional describen una crisis de proporciones históricas que contrasta con la parálisis oficial. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que las anomalías climáticas están añadiendo combustible a un planeta que ya registra temperaturas récord, potenciando la violencia de los eventos hídricos en el sudeste de Sudamérica.
Los informes internos elaborados por la Agencia Federal de Emergencias (AFE) —organismo bajo la órbita del Ministerio de Seguridad Nacional— contradicen de forma flagrante el desapego presupuestario del propio gabinete. Los técnicos de la AFE ya han alertado formalmente sobre un "potencial impacto severo sobre la población, la infraestructura y los servicios esenciales". Las organizaciones ambientales, entre ellas Greenpeace Argentina, señalan que el peligro no reside únicamente en el volumen de agua que caerá, sino en el estado de absoluta vulnerabilidad de las comunidades.
El "Súper Niño" encuentra a la Argentina en un proceso de desinversión en obra pública que paralizó la limpieza de cuencas, el mantenimiento de defensas fluviales y la renovación de sistemas de bombeo urbanos. La consolidación de la señal húmeda a partir de Septiembre transformará los suelos productivos en superficies saturadas, volviéndolos improductivos y provocando el colapso de caminos rurales esenciales para el transporte de la producción agraria. La inacción gubernamental deja al descubierto que, detrás de la retórica de la austeridad, se esconde la renuncia explícita del Estado a su función más elemental: la protección de la vida y el territorio frente a una catástrofe anunciada.
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