Encontraron micro plásticos en granizo analizado de la tormenta de Funes

Un fuerte granizo sorprendió a los ciudadanos de Funes, no solo por la cantidad, el tamaño y el desastre, si no porque con 27 grados de temperatura no se derretía.
Vecinos recogieron muestras y las enviaron a analizar. Los resultados indican que hay presencia de micro plásticos y todo tipo de anormalidades. Para muchos es un nuevo capitulo que profundiza las sospechas sobre la posible ingeniería del clima.
Hay tardes en las que el cielo de la pampa húmeda no solo ruge, sino que amenaza con romper la tierra. En abril de 2025, la ciudad santafesina de Funes vivió una de esas jornadas memorables. Una tormenta feroz descargó sobre techos y jardines una lluvia de bloques de hielo de dimensiones gigantescas. Sin embargo, el verdadero misterio no comenzó mientras duró el estruendo, sino horas después, cuando el agua ya debía haber corrido por las canaletas.
Bajo un calor pesado que rozaba los 27 °C, varios vecinos notaron algo extraño en sus patios: aquellos pedazos de granizo descomunales se negaban a derretirse. La curiosidad dio paso a la sospecha y la sospecha a la acción comunitaria. Vecinos de Funes recolectaron y guardaron las piedras en congeladores caseros. Ramiro Salazar, Nahuel Montaña, Pablo Serrano y Jesús Ciavatti se pusieron al frente de la logística de conservación de las muestras, mientras una red de donaciones ciudadanas en distintas provincias aportó los fondos para encargar lo que la institucionalidad no ofrecía: un análisis químico independiente.

Las muestras viajaron a tres laboratorios privados de referencia: Greenlab y Patagonia Instrumental en Rosario, y JLA en Córdoba. Tras quince meses de espera, la respuesta llegó en un documento técnico presentado el 24 de julio de 2026, firmado por Marcela Sangorrín, Lorena Diblasi y Juan José Cinalli.
El informe confirmó que aquel hielo no era del todo ordinario. Presentaba alteraciones en sus puntos de congelación y ebullición, además de variaciones en el pH compatibles con la presencia de sustancias disueltas. En su interior se hallaron sales de sodio, calcio, potasio y magnesio —elementos higroscópicos capaces de intervenir en la formación de nubes—, junto a microscópicas fibras de poliéster, microplásticos de medio micrómetro de ancho que flotaban atrapados en el agua congelada.
Hasta allí, el reporte ofrecía una radiografía inquietante pero terrenal: el aire que respiramos y el agua que cae del cielo están profundamente permeados por el plástico y los residuos de la actividad humana, un fenómeno ampliamente documentado en el resto del planeta.
Sin embargo, la crónica de Funes dio un giro conceptual cuando el propio informe cruzó la línea de la química ambiental . Los autores vincularon la presencia de estas sustancias con prácticas de "ingeniería del clima" y la existencia de aeronaves no identificadas, señalando además el silencio de organismos públicos ante pedidos de informes sobre estelas en el cielo.
Hoy, a más de un año de aquella tarde de granizo insólito, la pequeña historia de Funes sintetiza un dilema de época. Por un lado, la legítima inquietud ciudadana que financió un estudio para saber qué cae de las nubes; por el otro, la brecha insalvable entre detectar contaminación en el aire y demostrar una actividades en el cielo. El hielo de Funes finalmente se derritió, pero los interrogantes que dejó flotando sobre la calidad del ambiente y la validez de la evidencia científica siguen tan firmes como el primer día.
Descarga del informe: https://laresistencia.live/wp-content/uploads/2026/07/informe-granizo-2025-1.pdf
Comentarios
- Sé el primero en comentar esta noticia.
Más noticias

La transición verde acelera en las ciudades
Las administraciones locales impulsan planes de sostenibilidad con el foco puesto en la movilidad y la eficiencia.
31 de julio de 2026

