¿ Y mañana que ?

Existen dos discursos antagónicos conviviendo en Argentina estos dos últimos años, ninguno de los dos tiene razón del todo, tampoco ninguno de los dos está equivocado en todo. En términos generales, porque obviamente no existen solo dos miradas.
La economía podría estar mejorando para unos pocos, y en otros lugares empeorando para varios.
Conforme las fuentes consultadas, llegue a la conclusión que los indicadores macroeconómicos comenzaron a mostrar un escenario impensado hasta hace poco; La inflación dejó atrás los registros de dos dígitos mensuales, la actividad económica volvió a exhibir signos de recuperación y el Gobierno celebra la llegada de inversiones millonarias, especialmente en sectores estratégicos como la energía y la minería.
Sin embargo, en la calle, la sensación es otra.
Para millones de trabajadores, jubilados y comerciantes, el alivio prometido todavía no aparece. La inflación baja, pero el supermercado sigue siendo un desafío. Se anuncian inversiones récord, pero el empleo no despega al mismo ritmo. El Producto Bruto Interno vuelve a crecer, mientras el consumo continúa mostrando señales de debilidad.
Depende la ciudad consultada, son los números, y esto derrumba el discurso “unitario”. Hay ciudades en las que las cosas se están complicando dadas sus actividades comunes, inclusive hay ciudades que están sufriendo olas de despidos y complicaciones profundas económicas.
La explicación no pasa por un único factor, sino por una combinación de variables que ayudan a entender por qué la mejora de los indicadores económicos todavía no se traduce en una recuperación palpable del poder adquisitivo.
“Uno de los errores más comunes consiste en creer que una inflación menor significa automáticamente que la gente recupera su capacidad de compra. Cuando la inflación disminuye, los precios simplemente aumentan a un ritmo menor. No vuelven al nivel anterior. Si durante años una familia perdió buena parte de su poder adquisitivo, una inflación mensual del 2% representa una desaceleración del aumento de precios, pero no una recomposición automática del salario” afirma un contador amigo
Los datos oficiales muestran que los salarios crecieron nominalmente por encima de la inflación en los últimos meses. En abril de 2026 el índice salarial aumentó un 3,7%, mientras que la inflación de mayo fue del 2,1%. Sin embargo, recuperar todo lo perdido durante años de alta inflación es un proceso mucho más lento que la simple estabilización de los precios.
Otro aspecto que suele pasar desapercibido es que hablar del "salario argentino" resulta, muchas veces, una simplificación. Los datos del INDEC reúnen en un mismo indicador a trabajadores privados registrados, empleados públicos y trabajadores informales. Cada uno de esos sectores vive una realidad completamente diferente.
Incluso dentro del empleo privado existen enormes diferencias. Mientras actividades vinculadas al petróleo, la minería, la energía o la tecnología comenzaron a mostrar importantes mejoras salariales, otros sectores permanecen prácticamente estancados.
Por eso, el promedio puede mostrar una recuperación mientras millones de trabajadores continúan sintiendo que su situación no cambió. En muchos hogares el verdadero cambio ocurrió en la estructura del gasto. Aunque la inflación general haya descendido, cada vez una mayor parte del ingreso familiar se destina a afrontar gastos considerados inevitables:
- electricidad;
- gas;
- transporte;
- alquileres;
- medicina prepaga;
- servicios.
Esto provoca un fenómeno particular. El salario puede crecer por encima del índice de inflación promedio y, sin embargo, perder capacidad frente al aumento de los gastos fijos. El resultado es evidente: queda menos dinero disponible para el consumo cotidiano. Todo esto es fácil de comprobar, es irrefutable.
Uno de los principales pilares de la estrategia económica del Gobierno es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Las mayores inversiones anunciadas se concentran en sectores como:
- Vaca Muerta;
- minería del litio;
- cobre;
- infraestructura energética;
- proyectos exportadores.
“El problema es que se trata de actividades altamente intensivas en capital. Necesitan enormes cantidades de inversión, pero relativamente pocos trabajadores. Por eso, una inversión de miles de millones de dólares puede representar un éxito macroeconómico sin modificar significativamente la situación laboral de un comerciante, un empleado administrativo o un albañil” comenta un amigo administrativo en El Calafate
La CEPAL viene señalando desde hace años que uno de los principales problemas de América Latina no es solamente la inflación, sino la baja productividad. Cuando una economía produce poco por trabajador, resulta muy difícil sostener salarios elevados de manera permanente. Argentina continúa enfrentando ese desafío estructural. Sin mayores niveles de productividad, la mejora salarial encuentra un límite difícil de superar.
Otro fenómeno importante es que buena parte de las inversiones recientes se concentran en determinadas provincias. Neuquén, Salta, Jujuy, San Juan y Mendoza aparecen como los principales destinos de los grandes proyectos vinculados a la energía y la minería. Mientras tanto, numerosas economías regionales todavía no logran incorporarse plenamente a ese proceso. En consecuencia, el crecimiento existe, pero no llega con la misma intensidad a todo el país.
Los datos oficiales muestran además otra discusión de fondo.
La remuneración de los asalariados representa alrededor del 45,5% del valor agregado de la economía, mientras que el excedente de explotación empresarial ronda el 40,9%. Esto plantea un interrogante central para los próximos años. Si la economía continúa creciendo, ¿esa riqueza terminará reflejándose en mejores salarios o permanecerá principalmente como rentabilidad de las empresas?
La respuesta dependerá de múltiples factores: productividad, negociación salarial, competencia empresarial y que tipo de políticas públicas manejaran.
Aunque distintos indicadores muestran recuperación de la actividad económica y aumento de las exportaciones, el consumo interno continúa siendo uno de los puntos más débiles. Las ventas en supermercados todavía muestran dificultades para recuperar dinamismo. Esa situación también se refleja en el comercio minorista, donde numerosos empresarios sostienen que la recuperación todavía no llegó al mostrador.
Existe además un factor que no aparece en las estadísticas. Después de varios años de inflación extremadamente alta, las familias cambiaron su forma de consumir. Muchas priorizan cancelar deudas, ahorrar cuando pueden, postergar compras importantes o reducir gastos considerados prescindibles.
Ese cambio cultural suele mantenerse incluso cuando la inflación comienza a descender. Por eso, la recuperación del consumo normalmente tarda más que la estabilización de la economía.
Quizás el debate más importante sea el siguiente.
Una economía puede crecer impulsada por las exportaciones, el petróleo, la minería o el agro.
Pero eso no garantiza automáticamente una mejora en la calidad de vida del conjunto de la población.
Numerosos economistas describen este fenómeno como un crecimiento con baja transmisión al mercado interno, donde sectores altamente capitalizados impulsan el crecimiento económico sin generar un impacto inmediato sobre el empleo masivo y los ingresos de la mayoría de los trabajadores.
La Argentina parece atravesar precisamente ese momento. Los indicadores macroeconómicos muestran una mejora respecto de los años anteriores. La inflación descendió, comenzaron a llegar inversiones y algunos sectores productivos recuperaron dinamismo. La gran pregunta ya no es si la economía puede estabilizarse. La incógnita que todavía permanece abierta es si esa estabilidad logrará transformarse en mejores salarios, mayor empleo formal y una recuperación real del poder adquisitivo para millones de argentinos.
Porque, al final del día, el pueblo volverá a pensar si el éxito de un programa económico se mide únicamente por la inflación o las inversiones anunciadas pesará si las familias no vuelven a sentir que su trabajo alcanza para vivir mejor.
Esto último lo veo fundamental, porque si bien Milei habla sobre la mejora de la economía, la gente va a votar en base de su situación.
La economía puede mejor y pocos ver eso, pero al final todos los votos valen lo mismo.
De hecho el liberalismo se ejecuta con el principio básico de la supervivencia del individuo. En los tiempos del hambre absoluto que sintieron los franceses. A Robespierre le importaba tanto el individuo mismo que afirmó que “LA PRIMERA LEY SOCIAL ES AQUELLA QUE GARANTIZA A TODOS LOS MIEMBROS DE LA SOCIEDAD LOS MEDIOS PARA EXISTIR” 2 de diciembre de 1792, en la Convención
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