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¿Julio Alak trae el espionaje Chino a La Plata?

¿Smart City o Gran Hermano en la capital bonaerense? La Plata firma con Huawei y enciende alarmas por el antecedente ecuatoriano

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¿Julio Alak trae el espionaje Chino a La Plata?
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En una puesta en escena de alto perfil institucional, el Salón de los Acuerdos del Palacio Municipal de La Plata fue el escenario de una reunión que busca marcar un hito en la gestión de Julio Alak. El intendente platense recibió personalmente a Xiao Binbing, CEO de la gigante tecnológica china Huawei para Argentina, Uruguay y Paraguay, con el fin de avanzar en un ambicioso convenio de cooperación enfocado en convertir a la capital provincial en una "ciudad inteligente, segura y sostenible".

Sobre la mesa, el discurso oficial promete progreso: desarrollo de soluciones tecnológicas de vanguardia, capacitación de profesionales, impulso a la economía del conocimiento y digitalización para el entramado pyme local. La Municipalidad actuará como nexo estratégico para que Huawei canalice su desembarco en el tejido empresarial y universitario platense. Todo envuelto en la narrativa del desarrollo y la modernización.

Sin embargo, la presencia del altísimo ejecutivo chino en los despachos comunales y la envergadura del acuerdo inevitablemente abren un interrogante inquietante: ¿Está La Plata dando el primer paso hacia una red de conectividad y gestión urbana, o está abriendo las puertas a un modelo de videovigilancia y control masivo importado directamente del régimen autocrático de Pekín?

Las dudas que empiezan a sobrevolar los pasillos de la política platense no son infundadas. Encuentran un espejo directo y preocupante en la experiencia de Ecuador, un caso testigo minuciosamente documentado y revelado por una investigación periodística de The New York Times.

A partir de 2011, bajo el mandato de Rafael Correa, Ecuador vendió a su ciudadanía la instalación del sistema ECU-911 como la solución definitiva contra la inseguridad y el narcotráfico. El proyecto, financiado con créditos del gobierno chino a cambio de reservas petroleras y libre de licitaciones públicas, fue desarrollado por la estatal CEIEC y la propia Huawei. Miles de cámaras de alta resolución se desplegaron desde las Galápagos hasta la selva amazónica, prometiendo patrullaje inteligente y reconocimiento facial.

La realidad, sin embargo, derivó en una pesadilla distópica:

  • Espionaje a la oposición: La investigación demostró que el flujo de las cámaras finalizaba en una versión "espejo" manejada por la Secretaría Nacional de Inteligencia (Senain). La agencia utilizó la tecnología china no para prevenir robos de poca monta, sino para perseguir, rastrear e intimidar a opositores políticos, periodistas y activistas.

  • La ilusión de la seguridad: Pese a la millonaria inversión —que superó los 200 millones de dólares—, los ciudadanos ecuatorianos continuaron denunciando asaltos y violencia a plena luz del día frente a lentes que no derivaban en respuestas policiales. El sistema funcionó de manera altamente eficiente para el control político, pero demostró ser severamente inoperante para el combate real del delito común.

Ecuador no es una excepción. Organizaciones internacionales de derechos humanos como Freedom House han advertido que al menos 18 países —entre ellos Venezuela, Bolivia, Zimbabue y Pakistán— han importado estas plataformas chinas de "seguridad pública", las cuales suelen ser la antesala para el monitoreo social y la pérdida progresiva de las libertades individuales.

Frente a la cooperación que propone Alak, surgen preguntas insudables que la gestión municipal deberá responder con absoluta transparencia:

  • ¿Cuál será el destino de los datos? En su momento, Huawei emitió comunicados deslindando responsabilidades al afirmar que la empresa "provee tecnología, pero no se involucra en cómo el gobierno utiliza la herramienta". Ante la falta de marcos regulatorios de ciberseguridad estrictos a nivel municipal y provincial, ¿quién garantizará que el flujo de datos y las imágenes de los vecinos platenses no terminen en servidores externos o al servicio de la inteligencia política de turno?

  • ¿Cuál es la contraprestación real? En la experiencia latinoamericana, la tecnología china nunca llega como una donación desinteresada. Suele estar atada a créditos condicionados, concesiones de infraestructura o la entrega de datos estratégicos.

En un contexto donde la ciudadanía, acorralada por la delincuencia, tiende a ceder su privacidad a cambio de la promesa de más cámaras en las esquinas, el acuerdo entre la Municipalidad de La Plata y el gigante asiático exige una lupa legislativa y social implacable. La línea que separa a una "ciudad inteligente" de un estado de vigilancia opaco y concentrado es extremadamente delgada, y la historia reciente de la región demuestra que, una vez que el ojo chino se instala en los postes de la ciudad, resulta casi imposible cerrarlo.

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